lunes, 15 de agosto de 2011

Ella era feliz así.


Hacía un tiempo extraordinario. Soplaba el viento y el sol aportaba el calor necesario en compañía de un cielo completamente despejado para pasar un espléndido día.
La tarde se presentaba distinta, aunque a primera vista no lo pareciera. Sin embargo, ella hizo caso omiso a sus ridículas intuiciones y se dispuso a prepararse como solía hacer cada domingo.
A ella le gustaba este día por ser el más tranquilo de todos. Ella decía: "Los domingos devuelven la paz que los seis días restantes de la semana le arrebatan a las almas humanas." Por esta razón, Olivia siempre salía a las seis de la tarde a El Puente de Las Palomas con una bolsa llena de pan sobrante de toda la semana.
Como de costumbre, se vistió con una de sus múltiples camisetas hechas por ella misma. El arte, le fascinaba. Era lo único por lo que su corazón latía con fuerza y por lo que luchaba cada día de su vida. Su código de identidad, el reflejo de su personalidad, la necesidad de sentir y transmitir y el deseo de compartir sus armoniosas ideas se unían para convertirse en el motivo de su felicidad. 
Se deshizo la larga trenza y dejó caer sobre su propio peso su largo y espeso pelo castaño oscuro de leves reflejos rubios. Nunca tuvo la necesidad de cubrir sus abundantes pecas utilizando maquillaje, la naturalidad es esencial para que las cosas sucedan sin ayuda externa.
Y después de calzarse con sus tenis viejos y desgastados de color naranja, cogió una manzana roja antes de salir por la inmensa puerta de madera de su casa.
Caminaba como si volara. Por aquellas calles solitarias Olivia se sentía libre y sin ataduras. Cerraba los ojos al mismo tiempo que soplaba el viento en su cara. Inspiraba, expiraba. Era su terapia. De esta manera se despegaba de toda tensión, preocupación y desorden que pudiera ocupar su mente y su cuerpo. Era su limpieza, así se vaciaba.
Y cuando por fin llegó al lugar de destino, decidió tomar asiento en un banco frente al hermoso lago que sobrevolaba El Puente de Las Palomas. Prestó especial atención a respirar correctamente y de manera muy lenta en aquel instante. Sacó la bolsa de pan y cogió un trozo. Después lo humedeció un poco en la fuente cercana al puente y lo tiró al suelo. Enseguida llegaron al encuentro un grupo enorme de palomas desesperadas por conseguir la más mínima miga de pan. Repitió el mismo proceso hasta que no le quedaba más pan en la bolsa, y cuándo eso sucedió, las palomas la seguían por cada paso que daba como símbolo de gratitud.  Volvió a sentarse en el mismo banco mientras las aves la rodeaban con un círculo abierto y mal hecho, pero para ella, perfecto.
Sin necesitar nada más, Olivia era feliz así. Ella hacía la vida simple y bella al mismo tiempo. Porque la sencillez también es hermosa y no es necesario ponerle un  collar de diamantes a una orquídea, porque ésta ya es esplendor y admiración por sí sola.
Llenar el vacío del alma buscando la maravilla de los pequeños detalles y placeres de la vida nos hace más grandes en espíritu.




Cynthia.


PD: Las fotografías son cosecha propia.

3 comentarios:

Jimena dijo...

Sabia que tarde o temprano regresarías y que tu regreso iba a compenzar la larga espera, lo sabia. No tengo palabras para decir que me pareció:espectacular, precioso, bonito, hermoso, no le llegan ni a los talones, te quiero y me encanta como escribes.

Ana dijo...

me encanta!! este texto me ha transmitido una tranquilidad increíble. Y como siempre, las fotos me gustan mucho!! Eres genial :)) Un beso!

Elena Grohl Cobain, dijo...

Puti, bonita entrada!! me ha gustado eso de "no es necesario ponerle un collar de diamantes a una orquídea" :))))))

Y bueno, respecto a los Pereza yo ya me lo veía venir... la buena noticia es que Rubén podrá publicar todas las canciones que le de la gana y no le antepongan las de Leiva porque es el más conocido!

Salud y Rock'n'Roll.

Vecinos!