miércoles, 26 de febrero de 2014

De repente.

De repente no comprendo el mundo,
o el mundo no me comprende a mí.

De repente soy pequeña, diminuta,
anónima e invisible.

De repente no tengo voz.
De repente soy susurros y no terremotos.

De repente mi mente quiere hacer la
vuelta ciclista un millón de veces.

De repente me pierdo, me angustio.
De repente me desvanezco, me derrito.

De repente no confío en la lluvia, ni
en los chicles de fresa, ni en las personas.

De repente quiero poder con todo.
De repente cierro los ojos y quiero besar.

De repente me voy a donde no debería estar,
por querer volver a sentir.

De repente me pongo guapa y
el espejo se luce con sus piropos.

De repente soy insegura, me cierro,
me desaliño y me da igual.

De repente soy yo y luego no, y luego
sí, y luego ya no sé.

De repente quiero gritar, pero muchos
se echarían las manos a la cabeza.

De repente sorprendo, aburro,
canso y me buscan.

De repente busco yo, porque sí o
por ninguna razón.

De repente seca, de repente húmeda.

De repente fuerte, y en un segundo,
muy débil.

De repente quiero innovar, pero siempre
acabo siendo la misma.

De repente me hago promesas y de repente
me hago decepciones.

De repente me desilusiono con las metas y
le paso la toalla a alguien.

De repente prefiero acurrucarme con un
oso gigante en la cama.

De repente intento doblar calcetines y
separar las bragas coquetas de las más viejas.

De repente no me identifico con sus colores,
ni con sus formas, ni con sus costumbres.

De repente me como los pellejos de mis dedos
o me pinto las uñas simulando que todo va bien.

De repente me sobrepasa, escala sobre mí,
y yo no puedo hacer nada.

De repente el universo intenta arreglar
mis grietas.

De repente tengo sueño, pero no
me voy a dormir.

De repente quiero ser, pero siempre
falta el ser.

De repente escribo esto, simplemente
porque ya no sé qué pensar, ni qué sentir.
Pero lo de presentir me sale solo.

Rica. C


martes, 11 de febrero de 2014

Camaleónica

Quizás, sólo quizás, simplemente sea esa persona que lo mira todo desde fuera. Sí, esa que siempre parece ser la más experimentada en temas diversos sin haber experimentado absolutamente nada. Como si tuviera poderes camaleónicos siendo capaz de ponerse en la piel de cualquiera, por muy áspera que ésta sea.

Probablemente sea esa que sabe dar consejos, y que además, le gusta darlos. Pero que no sabe aplicárselos a sí misma. Siempre los deja para el final, como último recurso, después de haberse estrellado contra la pared. O puede que sea esa que sabe escuchar hasta a los que no desean ser escuchados, y que, al mismo tiempo, carece de la capacidad de escucharse, de oír sus gritos, sus quejas y sus "vete a la mierda".

A lo mejor soy esa que intenta mezclarse con la música, todos los días a cualquier hora, para que no la atormenten ni torturen sus pensamientos. O posiblemente sea esa que prefiere llevar el concepto de la vida por dentro para no asumir ni demostrar sus sentimientos en esas ocasiones en las que se supone que hay que arriesgar.

No sé si soy esa que lo observa todo en silencio minuciosamente, con ojos grandes y curiosos, pendiente de todos los detalles. Pero que, por el contrario, no la observa nadie.

Aunque bueno, todo son suposiciones, ¿no es así? Porque al fin y al cabo seguramente sea esa que no tiene ni puñetera idea de qué hacer con su vida mientras, cómo no, nota que todo el mundo sabe qué hacer con la suya.

Rica. C



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